En Tierra de Caballeros y Tablas de Daimiel, el clima, la cultura y la tradición se han aliado para ofrecer una variedad culinaria de alta calidad que transmite la pasión de esta tierra por la buena mesa.
(…) Mirad, señor doctor: de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas regaladas ni manjares esquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios, el cual está acostumbrado a cabra, a vaca, a tocino, a cecina, a nabos y a cebollas; y, si acaso le dan otros manjares de palacio, los recibe con melindre, y algunas veces con asco. Lo que el maestresala puede hacer es traerme estas que llaman ollas podridas, que mientras más podridas son, mejor huelen, y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que él quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradeceré y se lo pagaré algún día (…)
CAPÍTULO XLIX. II parte. De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su ínsula.
Para hablar de la gastronomía de esta región quien mejor que el Quijote, pues Cervantes recoge en su novela un extenso recetario de la cocina manchega; una cocina basada en una economía agropecuaria de productos naturales. Son platos con alto valor nutritivo, es decir, con sustento, para que labradores y pastores adquiriesen la energía necesaria para realizar sus faenas. A través de su ingenioso hidalgo Don Quijote, Miguel de Cervantes inmortalizó platos populares como olla, salpicón, o duelos y quebrantos que alcanzan la fama en todo el mundo.
Esos platos que antaño degustaban caballeros, pastores, gañanes y arrieros, son los que hoy se ofrecen en los establecimientos hosteleros a nuestros visitantes.
Pero si hay dos iconos gastronómicos verdaderamente emblemáticos en la zona, estos son el auténtico queso manchego, elaborado con leche cruda de oveja y amparado por la Denominación de Origen Queso Manchego; y los vinos, extraordinariamente representados por las múltiples bodegas que se asientan en nuestros municipios.











