Las Órdenes Militares han sido unas de las organizaciones más singulares y que más han influido en los territorios donde se han asentado. Nacen determinadas por dos factores principales: la institucionalización de la caballería y la cristalización de la guerra santa en forma de cruzada.
Son el resultado de una época en la que la Iglesia ejercía un poder dominante en Europa. Estas instituciones se convirtieron en la punta de lanza de la cristiandad medieval manteniendo siempre una vocación hospitalaria-asistencial, función que era consustancial a la personalidad monástica.
Hay dos elementos constitutivos esenciales comunes a todas: monacato y caballería. Las Órdenes Militares estaban integradas por dos tipos de miembros de naturaleza y funciones diferentes: los caballeros o milites, encargados de la defensa de los territorios y que, más tarde, se encargaron del gobierno y administración de los bienes de la Orden. Y en segundo lugar, en una posición dependiente, estaban los clérigos o freiles conventuales, que se ocupaban de la celebración de los oficios religiosos y la administración de los asuntos espirituales de la comunidad en general.
La diferencia entre la Orden de Calatrava (benedictino-cisterciense) que es una adaptación de una comunidad de monjes a la vida militar de los caballeros y la Orden de Santiago (agustina) es que, ésta es un conjunto de caballeros que se ponen al servicio de Dios y la Iglesia a través de una institución religiosa. Es un caballero sujeto a disciplina religiosa, por tanto, con mayor libertad. Por eso los caballeros laicos tenían licencia para casarse y tener una familia. Todos los caballeros de las distintas órdenes deben actuar con disciplina y obediencia y prescindir de lo superfluo. Debe vivir con austeridad y vestir con sobriedad. Su indumentaria debe asegurar el cumplimiento de las tres necesidades básicas del soldado: libertad de movimientos, facilidad de desplazamientos y decisión en el ataque. Todo lo demás es superfluo.
Los dominios de las Órdenes Militares en La Mancha a mediados del siglo XIII comprendían un conjunto de más de 27.000 km2, sobre los que tenían una red de 50 castillos y algo más de 150 lugares poblados agrupados en una red de una treintena de encomiendas. El potencial militar de las órdenes se puede calcular en torno a los 400 caballeros, a los que habría que añadir 400 escuderos y 800 peones, distribuidos entre las diferentes órdenes: la de Santiago con 200 caballeros, la de Calatrava con 150 caballeros y la de San Juan con 50 caballeros.
La máxima autoridad de cada Orden era el Maestre, que tenía a su cargo la dirección de los asuntos espirituales y temporales. El Prior constituye la máxima autoridad específicamente religiosa para los asuntos que requieren de orden clerical, y muy especialmente, en sus respectivos conventos. Se ocupaba de los asuntos espirituales de los caballeros y era el superior de todos los capellanes y clérigos de la Orden. Dependían directamente del Papa. Las Órdenes Militares consiguieron la exención de las iglesias comprendidas en los territorios bajo la jurisdicción ordinaria de la diócesis donde se encontraban, lo cual fue objeto de muchas disputas. Las relaciones entre la autoridad prioral y la episcopal discurrieron entre concordias, controversias y discordias sobre a quien correspondía la aplicación de sus respectivas jurisdicciones, como la autoridad para realizar las visitas canónicas en las parroquias, el derecho a recaudar determinadas contribuciones eclesiásticas como el diezmo.
Durante el reinado de los Reyes Católicos hay una nueva organización al incorporarse los maestrazgos a la Corona, quienes crean en 1489 el Real Consejo de las Órdenes Militares para que intervenga de forma directa en los asuntos administrativos e internos de las Órdenes, tales como aprobación de expedientes personales, pruebas de nobleza concesión de hábitos y encomiendas, etc. En 1540, el Papa Paulo III por Bula, dispone la mitigación de los votos canónicos a los que estaban sometidos todos los caballeros de las órdenes: el de castidad se transforma en voto de matrimonial castidad, el de pobreza permite el uso y disposición de los bienes propios de los caballeros y el de obediencia se mantiene, tanto al Rey como a la fe católica.
En el siglo XIX, se promulgaron leyes que afectaron negativamente a las Órdenes Militares. A lo largo de este siglo fueron disueltas en varias ocasiones, pero su personalidad canónica ante la Santa Sede permaneció incólume. Ante las leyes desamortizadoras a los bienes de la Iglesia y también de las Órdenes Militares, el Papa Pío IX acuerda una compensación económica por parte del Estado a la Iglesia española y la creación del Priorato Nullius
de las Órdenes Militares con sede en Ciudad Real en 1875, que es segregado así del arzobispado de Toledo. El primer obispo-prior llegó a una ciudad carente de una apropiada residencia para su obispo, sin un seminario y con una iglesia prioral que necesitaba urgentes reformas. Así pues, se construyó el Palacio Episcopal en la calle Caballeros y el seminario que, en sus primeros años, estuvo en una casa situada donde hoy se alza la Diputación Provincial, pronto tuvo también otra digna sede. Y a principios del siglo XX se comenzaron las obras de reforma de la Catedral.










